Un corredor estrecho parecía condenado a la penumbra. El análisis mostró una ventana alta factible y un acabado claro en paredes que multiplicaba reflejos. Con una repisa que funciona como estante de luz, el espacio ganó 150 lux promedio durante horas clave. Hoy sirve como rincón de lectura y zona de juegos, demostrando que la luz, bien guiada, convierte áreas residuales en lugares queridos sin ampliar metros ni encender más interruptores.
En una vivienda histórica no podían ampliarse huecos. Simulaciones con materiales equivalentes y vidrios de alta transmitancia visible, pero control solar, revelaron una combinación eficaz con contraventanas interiores. Sin alterar fachadas, se mejoró la distribución luminosa y se redujo el resplandor en superficies pulidas. La familia recuperó salas antes frías y oscuras, preservando carácter y detalles artesanales. Fue un ejercicio de precisión: intervenir lo mínimo para transformar la experiencia diaria con respeto y delicadeza.
En un dúplex tropical, el brillo del mediodía arruinaba la siesta y elevaba la temperatura. Con lamas ajustables y voladizos dimensionados por simulación estacional, se mantuvo la claridad sin golpes de luz directa. Pinturas mate y un techo más reflectante distribuyeron la iluminación suavemente. El resultado: menos horas de aire acondicionado, lectura cómoda en la tarde y una percepción de frescura constante. Un ejemplo de cómo los datos pueden domesticar el sol sin perder su encanto.